A otro perro con ese cambio

 

I

Uno sospecha inmediatamente de cualquier discurso en cuanto se arropa con la manta cálida pero roída del lenguaje publicitario. Hace un par de días, en el diario El País, me topaba con esta noticia:

El país cambio

Hay quien se ha molestado en corregirla casi palabra por palabra. No entraré yo a valorar los motivos ideológicos –seguramente impuestos por la propia redacción, la cual no tiene reparo, como pasa en otros tantos medios, en imponerle los titulares al periodista– que hayan motivado un titular tan tendencioso y malintencionado, pero sí me interesa llamar la atención sobre el “rechazo al cambio”.

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Migajas (1)

 

(El sueño de la norma produce incumplimientos) El ser humano, esa cosa pensante que se pasa los días estableciendo normas, pautas, leyes y límites, y las noches pensando en cómo evitar las normas, en cómo saltarse las pautas, en cómo malinterpretar las leyes y en cómo traspasar los límites. Algo en él le impulsa al “¡así debe ser, es lo justo!”; y algo en él le susurra “¿cómo puedo desobedecer impunemente?”.

 

(Arbeit macht frei!) Ni siquiera a los nazis, en la cima de su más repugnante y despiadada abyección, se les ocurrió escribir en la puerta de Auschwitz “no te quejes, que al menos tienes trabajo”.

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Venezuela y el lobo

 

I

Según varias y muy bien informadas voces, Podemos, IU, independentistas y demás canalla roja, defienden, justifican o callan sobre Maduro y Venezuela por motivos bien palpables: primero, por afinidad ideológica; segundo, porque muchos de ellos han obtenido beneficios económicos asesorando al gobierno; tercero, por afinidad personal con el presidente y sus ministros. Ninguna razón se antoja inocente o apasionada. Todas responden, en el mejor de los casos, a cierta ceguera política más o menos deliberada; en el peor, al más mísero corporativismo. Igual que en las logias masónicas o en los cónclaves eclesiásticos.

Quienes así argumentan no le reprochan a Podemos que sea un partido de izquierdas (una opción “como otra cualquiera, y legítima”), sino su repugnante hipocresía. “Os decís de lado de los miserables y del pueblo, pero lo único que os importa es vuestro interés particular”. Como ideólogos de feria son rápidamente despachados. Su compromiso con los derechos humanos es, concluyen, absolutamente falso (y, según algunos, no creen en la democracia).

 

Podemos

 

II

Sorprende, sin embargo, que el resto de los líderes políticos hispánicos se pongan tan nerviosos con las tropelías del gobierno de Nicolás Maduro. Felipe González, desde su retiro eléctrico, ha viajado al país para apoyar a la mujer de un opositor injustamente encarcelado; lo mismo ha hecho hoy mismo Albert Rivera. Zapatero acudió hace no mucho para mediar entre gobierno y oposición. ¿Qué podría mover a estos hombres, habitualmente tan ajenos a las políticas interiores del resto de los países del orbe, a viajar tan lejos para tan poca cosa? ¿Acaso no callan sobre Francia, sumida en una ola de manifestaciones violentas a causa de una reforma laboral que el gobierno ha impuesto a través de cauces bastante poco éticos? Leer más “Venezuela y el lobo”

Ferrazuela

 

I

Llevaba meses sin comprar ningún periódico impreso, pero el pasado domingo –misteriosos son los impulsos más ocultos de nuestro espíritu– me abalancé sobre El País en un quiosco. La portada de su revistilla dominical estaba dedicada a Venezuela. En ella salían muchos venezolanos sonriendo; desde la redacción querían mostrar la lamentable situación del estado, pero centrándose en sus gentes, en la parte acaso más “humana”, en sus víctimas populares. Debajo de esa imagen, y ocupando aproximadamente un quinto del espacio, se veía un cochazo rojo junto a la frase “El taller de los sueños”.

 

El País semanal

 

Pensé que se trataba solo de publicidad. Tan inadecuada como obscena, dicho sea de paso. Me pregunté cómo habían tenido los cojones (discúlpenme, pero fue la palabra que se me vino a los labios)  de colocar un descapotable deportivo bajo los rostros de esas víctimas sonrientes y venezolanas. Leo entonces lo siguiente en el editorial de la revista, tras pasar una sola página: Leer más “Ferrazuela”

El pecado y la naturaleza

1

De los siete pecados capitales, solo la soberbia y la avaricia parecen exclusivamente humanas. En efecto: muchos animales, en determinadas ocasiones, manifiestan ira, se conducen con lujuria, devoran con gula, sestean con manifiesta pereza y hasta envidian los cariños que recibe un compañero de manada. Pero la soberbia y la avaricia son aves que surcan los cielos sociales, y únicamente un corazón humano puede servirles de nido, pues ambas conllevan no solo una comparación abstracta con los semejantes, sino una proyección del instante hacia el pasado o hacia el futuro. El soberbio sostiene su soberbia sobre lo que ya logró; el avaricioso acrecienta su avaricia anhelando más.

Por eso resultan mucho más disculpables los pecados del instinto, porque emergen desde dentro de uno como el vapor en una olla sin tapa, como un latigazo en el alma; pero solo practican la avaricia o la soberbia aquellos cuya ponzoña se ha cocido, durante muchos años, a fuego lento.

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