Venezuela y el lobo

 

I

Según varias y muy bien informadas voces, Podemos, IU, independentistas y demás canalla roja, defienden, justifican o callan sobre Maduro y Venezuela por motivos bien palpables: primero, por afinidad ideológica; segundo, porque muchos de ellos han obtenido beneficios económicos asesorando al gobierno; tercero, por afinidad personal con el presidente y sus ministros. Ninguna razón se antoja inocente o apasionada. Todas responden, en el mejor de los casos, a cierta ceguera política más o menos deliberada; en el peor, al más mísero corporativismo. Igual que en las logias masónicas o en los cónclaves eclesiásticos.

Quienes así argumentan no le reprochan a Podemos que sea un partido de izquierdas (una opción “como otra cualquiera, y legítima”), sino su repugnante hipocresía. “Os decís de lado de los miserables y del pueblo, pero lo único que os importa es vuestro interés particular”. Como ideólogos de feria son rápidamente despachados. Su compromiso con los derechos humanos es, concluyen, absolutamente falso (y, según algunos, no creen en la democracia).

 

Podemos

 

II

Sorprende, sin embargo, que el resto de los líderes políticos hispánicos se pongan tan nerviosos con las tropelías del gobierno de Nicolás Maduro. Felipe González, desde su retiro eléctrico, ha viajado al país para apoyar a la mujer de un opositor injustamente encarcelado; lo mismo ha hecho hoy mismo Albert Rivera. Zapatero acudió hace no mucho para mediar entre gobierno y oposición. ¿Qué podría mover a estos hombres, habitualmente tan ajenos a las políticas interiores del resto de los países del orbe, a viajar tan lejos para tan poca cosa? ¿Acaso no callan sobre Francia, sumida en una ola de manifestaciones violentas a causa de una reforma laboral que el gobierno ha impuesto a través de cauces bastante poco éticos?

Se dirá que la democracia, en Francia, nose siente tan amenazada como en Venezuela. Mala táctica la de comparar dos países tan distintos; pues sin duda habrá otros muchos en donde la democracia no solo se sienta amenazada, sino que haya desaparecido ya del todo. Caso ilustre y reciente: Egipto. A nadie le inquietó excesivamente el golpe de estado de hace unos años.

Descartemos, desde luego, que el clamoroso rechazo ante la situación política venezolana haya nacido para chinchar a Podemos. Si Podemos representa una fuerza política tan despreciable como todos repiten, demasiada importancia se le prodiga viajando hasta otro país solo para enrabietarle. Sería una táctica, por lo demás, bastante destinada al fracaso, y hablaría muy mal de las motivaciones de González, Rivera y Zapatero, porque Venezuela se convertiría una mera excusa para una causa electoral doméstica.

 

Lilian Tintori

III

Entonces yo me pregunto si tal vez, solo tal vez, desempeñe en este asunto algún papel el hecho de que el gobierno de Venezuela sea, o se diga, de izquierdas. Los miembros de Podemos, IU, etcétera, no defienden los Derechos Humanos, defienden su ideología, la izquierda. ¿Es posible que Rivera, González y Zapatero defiendan la suya, el Capital?

¿Qué pasaría si en Venezuela campara a sus anchas el libre mercado, el gobierno hubiera privatizado hasta el aire que se respira, las empresas hicieran allí negocios magníficos, y un gobierno dictatorial y salvaje asegurara la seguridad plena de todas las inversiones, incluso a costa de controlar militarmente a la población indefensa? ¿Se imaginan ustedes a Felipe González, Albert Rivera y Zapatero atravesando el Atlántico para pedirle a un gobierno dictatorial y ultra capitalista que, por favor, respetara los derechos humanos?

A mí me cuesta mucho imaginarlo. No por motivos ideológicos personales, sino porque ejemplos de países así, dictatoriales y sin embargo muy capitalistas, hay muchos. Y no recuerdo yo jamás tanta inquietud ni tanto viajecito para exigirle a nadie, con visible escándalo, que la situación es intolerable y que basta ya de ser tan malvado.

Rey Soria

No hace falta recordar las armas  que el gobierno español tuvo a bien venderle a un país tan siniestro como Arabia Saudí; ni la ronda que se pegó Al-Sisi por Europa; ni las  reuniones entre nuestro presidente en funciones y algún que otro dictador africano sin importancia.

“Eso son meros negocios”, dicen algunos. Creyendo, de este modo, que hacer caja está por encima de la política concreta, y quien dice ‘política’ dice ‘moral’. Hacer caja, muy al contrario, constituye de por sí una política en sí misma. “Y quien no me deje hacer caja está contra mí”, podría ser su credo esencial. Más increíble aún debiera resultarles que el propio gobierno de España venda felizmente ¡armas antidisturbios! a Maduro, y no le suponga ningún dilema moral. Cosa, en verdad, alucinante.

 

IV

En fin, si el gobierno en funciones, Rivera, González, Zapatero, y todos los que claman con el puño en alto contra el malvadísimo gobierno dictatorial de Maduro se hubiesen quedado calladitos (como callan cuando otros malvados gobiernos dictatoriales permiten los negocios a tutiplén), la manzana se hubiera caído del árbol por sí sola, porque lo de allá no parece muy sostenible.

Pero ver cómo se desviven por los derechos humanos suena tan falso como los incómodos silencios de Podemos que ellos mismos denuncian, y bien podemos revertir, ideológicamente, la lista que dábamos al principio:

¿Por qué condenan tanto la situación de Venezuela?

                Primero, porque Venezuela no es de derechas; segundo, porque no han podido hacer negocios con Venezuela; tercero, porque ni siquiera pueden meterse en el bolsillo al presidente o a sus ministros.

 

V

Si, según nos dicen, no hemos de votar a Podemos-IU a causa de su hipocresía, ¿cómo y por qué hemos de votar a estos señores que se dicen a su vez tan íntegros, y cómo hemos de tolerar a este gobierno actual, si incurren todos en un acto semejante de acomodo a sus propios intereses capitalistas? ¿Acaso ellos sí creen en la democracia?

Aquellos ciudadanos de a pie que rabien y suelten espumarajos por la boca contra Podemos por sus posiciones sobre Venezuela, pueden empezar a quitarse el velo negro de los ojos y observar a los demás con los mismos ojos: no deberían clamar, en el fondo, contra Podemos, sino contra la política española en su totalidad.

Podemos puede ser flor de un día. Pero nuestros destinos, desde hace ya muchos años, están en manos de unos ideólogos tan férreos e interesados como, se supone, son los de Podemos. Allá ustedes con las contradicciones que esto les suscite. Pero luego no vengan con cuentos de que viene el lobo del populismo, porque otros ciertos lobos llevan sentados en el trono (y vigilando a las gallinas) desde mucho antes de lo que ustedes se imaginan, y a juzgar por la serenidad con la que muchos se lo toman, no parece en el fondo importales demasiado.

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