Migajas (1)

 

(El sueño de la norma produce incumplimientos) El ser humano, esa cosa pensante que se pasa los días estableciendo normas, pautas, leyes y límites, y las noches pensando en cómo evitar las normas, en cómo saltarse las pautas, en cómo malinterpretar las leyes y en cómo traspasar los límites. Algo en él le impulsa al “¡así debe ser, es lo justo!”; y algo en él le susurra “¿cómo puedo desobedecer impunemente?”.

 

(Arbeit macht frei!) Ni siquiera a los nazis, en la cima de su más repugnante y despiadada abyección, se les ocurrió escribir en la puerta de Auschwitz “no te quejes, que al menos tienes trabajo”.

(Me siento segurooooo) Viendo los últimos ataques de los terroristas musulmanes a Occidente, y previendo los que quedan por venir, pienso que deberíamos bombardearles más y darle a la poli poderes plenipotenciarios, incluyendo el derecho a la tortura. En nombre de la seguridad, por supuesto. Tenemos además que proteger nuestros valores. Los cuales son, por orden creciente de relevancia: la razón, el laicismo, el Estado de derecho y el sometimiento absoluto de los tres a los azares de los mercados, la prima de riesgo o la devolución de la deuda.

 

(El Hombre Nuevo) Según el neoliberalismo, el sujeto modélico es un hombre racional, libre, perfectamente informado y que busca para sí en cada momento el máximo beneficio. Muchos han reparado ya en que tal hombre no existe. Yo añado que encarna además sin mácula la definición más precisa posible de ‘hijo de la gran puta’.

 

Migas 2

 

(El sexismo del durmiente) Resulta interesante cotejar la subjetividad de los defensores del lenguaje inclusivo con el acto del pensamiento casi subconsciente. Ni los más firmes defensores del “todos y todas” habrán llegado nunca a interiorizarlo hasta el punto de pensar, mientras se sumergen en el sueño, por ejemplo, “estamos cansados y cansadas”; pues a tales niveles el pensamiento es puro automatismo.

 

(Contra la soberbia, abnegación) Ante las madres que, airadas, se ofenden porque alguien ha reprendido a su hijo, y profieren esa manida e indignada frase de “¿Va usted a decirme cómo tengo que educar yo a mi hijo?”, solo cabe una respuesta: “No voy a decirle cómo educar a su hijo, porque no lo sé. Igual que no le diría a un ingeniero cómo se construye un puente. Pero sí sé cuándo un puente se cae a pedazos, del mismo modo que sé que su hijo es un absoluto maleducado”.

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