Doloroso, pero necesario

(Prólogo)

No dar explicaciones es un privilegio exclusivo de la autoridad, y revela entre quien las exige y quien legítimamente las deniega una relación de asimetría. Claro que la autoridad puede explicar sus decisiones, pero ello se debe, casi siempre, o a una mera cortesía, o a que si no se explica perderá parte de su dominio.

Vemos un ejemplo claro allá donde hay un mandante y un mandado: en los colegios, en la milicia y en las estructuras laborales. Tres ámbitos donde la libertad individual de los más se reconoce como sometida a un superior, y que no se caracterizan precisamente por su estructura democrática.

I

Pero en la democracia de un Estado de Derecho, al Gobierno se le presupone sin duda más autoridad legal que la de un ciudadano; y sin embargo no puede decirse que la relación entre Gobierno y ciudadanía se contemple como la sumisión de la segunda al primero; acaso sí al revés. El Gobierno, elegido por el Parlamento; y el Parlamento, en representación de los ciudadanos, no deben tratar a estos como súbditos, sino como iguales. Pues, en teoría, los representan.

De manera que deben emplear todos los esfuerzos a su alcance para dar explicaciones sobre todos sus actos, cuantas veces haga falta, contestando a las preguntas de la prensa o de quienes se lo requieran sin mostrar síntomas de hastío ni de impaciencia.

La altiva soberbia con que los miembros de las instituciones estatales suelen despachar una pregunta incómoda, o zanjar una cuestión unilateralmente, debería provocar –en un ciudadano normal– tal repugnancia que le hiciera hasta plantearse si el Estado y sus poderes no encubren realmente una patética farsa.

(No me rebajo a hablar aquí de plasmas: me pondría las cosas demasiado fáciles).

Necesario

 

II

De entre todas las tácticas habituales para no explicar absolutamente nada, dejo al margen los escaqueos ante casos de corrupción. ¿Por irrelevantes? Al contrario: de tan frecuentemente obvios y patéticos, ya habrá pensado en ellos el lector por su cuenta.

La más grosera falta de explicaciones, la que me irrita hasta lo más hondo, suele ir vinculada a las cuestiones económicas que afectan a lo social.

Ya ocurra que se reduzcan los presupuestos a las ayudas sociales, destinados a mantener la seguridad y la estabilidad de la sociedad y de su cultura; ya ocurra que se le suba impuestos a las clases bajas o medias; ya se realicen despidos en masa o se legalicen ciertos EREs preventivos, se sabe de antemano que tales medidas no van a gustar a ningún electorado ni a ningún ciudadano.

Pero, en vez de dignarse explicar detalladísimamente, de manera ilustrativa, clara, sin dudas ni titubeos, a qué responden esas medidas y cómo entran en contradicción con algunas otras decisiones (que sin duda pronto les sacarían a colación), repiten una expresión que revela, precisamente por lo tópico y extendido de su uso, que están ocultando algo, que detrás hay motivos más hondos imposibles de explicarse sin escándalo.

La expresión a la que me refiero admite variables, pero su estructura básica es así:

                Las medidas/decisiones que tomamos son dolorosas pero necesarias.

Pueden sustituir “dolorosas” por “duras”, “impopulares” o “difíciles”; y “necesarias” por “imprescindibles” o “indispensable”.

Acaso sea la expresión más infame e impertinente de cuantas se emplean en política.

 

III

Estén, por lo tanto, atentos en sus lecturas, o cacen al vuelo la expresión si la escuchan en los labios de alguien al servicio del Estado. Es síntoma inequívoco de que se esconde un problema de conciencia, o bien se quiere ejercer la autoridad sin dar explicaciones de ningún tipo. En el primer caso, nos mienten a nosotros y también sí mismos; en el segundo nos están llamando “siervos” sin ninguna contemplación.

Si todavía nos quedase algo de dignidad (a los periodistas, cada vez les dejan tener menos), ante una expresión semejante deberíamos decir con voz bien clara: “Dolorosas, sin duda. Necesarias, ¿para quién?”.

Y ahí empezaría otro debate menos agradable y más lleno de dolor y contradicciones.

 

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