Rajoy y los escoceses

 

I

En noviembre de 2013 se aprobó en Escocia la consulta en referéndum sobre la independencia con respecto al Reino Unido. A lo largo de casi un año (hasta el día 18 de septiembre de 2014, día en que se votó) los partidarios del “sí” y del “no” explicaron los motivos por los cuales defendían su postura.

Nadie podía negar la rigurosa legalidad del asunto. Por ello el debate no se centró, como se centra en España, sobre la validez sino sobre su resultado. Uno de los políticos europeos que expresó su opinión, justo un día antes de que se votara, fue Mariano Rajoy. Cierto que quien sacó el asunto en el Congreso no fue otro que el PNV, pero la respuesta de Rajoy no pudo resultar más tajante. Copio de esta noticia de libertad digital:

Si finalmente Escocia vota por la independencia, España se reserva el derecho de vetar en contra de su incorporación a la Unión Europea, cuando proceda. “Facilidades para quienes se integren en este tipo de proceso, me temo que muy pocas por parte de los 28”, desveló Rajoy, para quién el camino para volver a la UE sería francamente tortuoso. Para empezar, porque “una parte de un Estado se separa, se convierte en un tercero con respecto a la Unión” y desde ese momento “no se le aplica nada del acervo comunitario”. Rajoy citó la libre circulación de personas, capitales y mercancías, la moneda y el Banco Central Europeo.

No se trataba de una opinión poco madurada. Ya un año antes, en 2013, había afirmado lo siguiente:

 

Por fin, luego de que el referéndum concluyera con la permanencia, Rajoy tuvo a bien mandarles a los escoceses el siguiente mensaje:

 

Del cual entresaco las siguientes frases:

“Quiero felicitar a los escoceses que han decidido seguir perteneciendo al Reino y, por extensión, a la Unión Europea”.

“Lo han hecho [han votado] con escrupuloso respeto a la legalidad de su país” 

“Como ciudadanos europeos también nos felicitamos por que sigan con nosotros”

“Y colaborando en el gran proyecto político que es la Unión Europea”

“Han evitado las graves consecuencias económicas, sociales, institucionales y políticas que habría tenido su separación de Reino Unido y de Europa” (el orden de las consecuencias haría las delicias de un psicoanalista: las políticas en el último lugar y las económicas encabezando el desfile de desgracias).

“Han elegido entre el aislamiento y la apertura”

“Han elegido la solución más favorable para todos: para ellos, para el resto de ciudadanos británicos y para el conjunto de Europa”.

“Creo profundamente en la integración de la Unión Europea”.

“Necesitamos a todos. Y por eso estamos muy felices de que Escocia siga estando con nosotros” (en donde ese “nosotros” no se refiere ya en absoluto a los ingleses, sino a “los miembros de la Unión Europea”).

Como puede observarse, el asunto nuclear de la opinión de Rajoy sobre la posible independencia de Escocia, al menos dos días antes de que se votara el referéndum, se sustentaba en los problemas que de facto iba a encontrarse una Escocia independiente con respecto a la Unión Europea. Por fortuna sus palabras las pronunció en el Congreso de los Diputados de España;  si lo hubiera dicho así en Glasgow, sus palabras habrían sonado casi a amenaza.

Brexit

Con suma coherencia, por lo tanto, se apresuró a celebrar la decisión de los escoceses: las indecibles ventajas que la pertenencia a la Unión Europea conllevan para Escocia, así como para los demás miembros de la Unión.

El discurso, soso y redundante, ejerce sin embargo su embrujo como el golpe seco y lejano de un martillo pilón, pues se nota de nuevo que su interés no se centra apenas en el Reino Unido, sino en la responsable y sabia decisión, por parte de Escocia, de integrarse en una unidad política mayor. Solo por una excusable casualidad esa unidad mayor es el Reino Unido: más allá de él, acabando todas las frases, y culminando en ese glorioso “nosotros”, se encuentra la unidad de unidades, la Arcadia de la entidad política: La Unión Europea. Bastión defendido por Rajoy con uñas y dientes.

Podría sintetizarse su mensaje de esta manera: “Si os hubierais ido del Reino Unido, incluso aunque tal decisión fuera legal, os hubiéramos expulsado de la UE y las consecuencias hubieran resultado terribles. Por lo tanto, me alegra que hayáis votado con cabeza y sentido común, porque nosotros os necesitamos y os queremos con nosotros, igual que vosotros nos necesitáis. Solo así podremos medrar entre todos de cara al futuro“.

 

II

Pues bien: sorprende, e incluso pasma, el misterioso cambio de actitud que ha experimentado nuestro egregio presidente tras el Brexit.

Ya que Escocia, si bien con una participación menor a la registrada en el referéndum de 2014, votó con más rotundidad por el “sí” a la pertenencia a la UE: un 62% de los votantes frente al 55% que había querido seguir formando parte del Reino Unido. Este resultado debiera haber hecho las delicias de Rajoy, y un escocés responsable bien podría decirle a nuestro presidente:

Ayúdanos en nuestra desgracia. Escuchamos tus hermosas palabras y te hicimos caso. No queremos salir de la UE, queremos pertenecer a una unidad mayor, queremos estar con vosotros. Hemos votado en un referéndum perfectamente legal para quedarnos. Rechazamos el aislamiento y anhelamos la apertura. Queremos evitar las consecuencias funestas que nos aguardan. Nosotros no votamos en el referéndum de 2014 para fomentar desunión alguna. Queremos la solución más favorable para todos: para nosotros y para Europa. Por favor, ayúdenos“.

Uno supondría que no hace falta parafrasear a alguien para convencerlo de lo que ya piensa. Uno supondría que Rajoy, en su afán por no desunir la Unión Europea, se preocuparía muy mucho de socorrer a los mismos escoceses a los que felicitó hace dos años; los mismos escoceses que han votado masivamente seguir en la UE. Uno supondría que Rajoy vería profundamente injusto este rocambolesco cruce de referéndumes: él, que les felicitó por seguir siendo de la UE, y ahora van y dejan de serlo contra su voluntad.

Pero he aquí que Rajoy…

 

“Si el Reino Unido se va, Escocia también se va”.

“Las competencias de Escocia para negociar son… ninguna”.

“Y lo demás son problemas internos del Reino Unido “.

 

III

¡Vaya! ¡De manera que la pertenencia a la UE, condición esencial para superar los retos del futuro, ya no pasan por la integración de Escocia! ¿Y la propia Escocia, antes tan cara para los intereses del presidente y de “nosotros”, se ha convertido de golpe en un mero “problema interno” del Reino Unido?

¿Cómo no fue un “problema interno” la posible independencia votada en 2014 y sí, sin embargo, está desesperada intentona de reintegrarse en la UE? ¿Acaso no era esta lo más intocable y necesario entre las preferencias del presidente? ¿No creía profundamente en la integración de la UE?

Habrá quien se agarre a la ilegalidad de una negociación entre Escocia y la UE para respaldar al presidente. Pero nada levanta tantas sospechas sobre la poca sinceridad de tal argumento que la preocupación de Rajoy por la UE ya no se centre en integrar en vez de en segregar, sino en ese desprecio absoluto hacia Escocia, sus votantes, el berenjenal en que se encuentran y en todo lo que su situación conlleva. Sencillamente, al antaño agradecido presidente le importa un pimiento el destino de Escocia, aunque esta no deseara abandonar la UE y vaya a sufrir, sin embargo, las terribles consecuencias económicas, sociales, institucionales y políticas que hace apenas un año y pico a Rajoy tanto le preocupaban.

 

IV

En fin, que nos tome por imbéciles a los españoles no importa mucho a estas alturas. Donde hay confianza da asco y además ha ganado sobradamente las elecciones: bien se merece que juegue con nosotros como el gato con el ratón.

Pero queda muy poco cortés despachar como gilipollas a los escoceses (con el agregado del sumo desprecio con que ha zanjado la cuestión), los cuales podrían razonablemente mandarle a la mierda mientras le recuerdan con qué locuaz alegría les felicitó por haber votado tan bien en 2014.

Lo que no saben los pobres escoceses, es que seguramente a Rajoy no le importan una higa la Unión Europea, Escocia, Reino Unido o las Islas Galápagos. Cuando de un referéndum se trata, la única mosca que tiene detrás de la oreja se parece más a este molesto bicho:

 

Catalana

 

Y usa la política exterior a modo de espray anti-insectos nacionales.

Lo cual, piense lo que piense uno sobre el asunto catalán (que en esa cuestión no vamos a entrar ahora), resulta particularmente cínico, y una lamentable falta de respeto para las demás naciones del continente.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s