El monopolio de la chusma

Chusma

I

Nunca me ha parecido que aquella frase referida a los ilustrados -“todo para el pueblo, pero sin el pueblo”- albergase en el fondo un matiz peyorativo: al revés, la considero tan moralmente honesta como históricamente descriptiva. Su preocupación era el pueblo; pero este carecía de la instrucción necesaria para saber qué le convenía y qué no, y además se dejaba engañar por la superstición y por la Iglesia mientras la alta nobleza le usurpaba la soberanía. En un sentido muy preciso, la Ilustración fue un movimiento contracultural y antisistema (anti antiguo régimen); parte de su fuerza se debió al hecho de que no pretendía dialogar con las masas, sino imponerles las mejoras objetivas para que esta se liberase a sí misma de los yugos impuestos, pero por un camino que los ilustrados ya sabían de antemano, porque lo había teorizado. Los villanos, para la Ilustración, estaban muy bien definidos: el clero sangrante y la nobleza ociosa. Las víctimas también: los pueblos oprimidos por sus usurpadores.

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De culpas y causas

I

Hace años que descubrí en el discurso común de la gente con la que hablo, o de quienes comentan por Internet, una tendencia masiva a hablar de ‘culpa’ y de ‘culpables’; con tanta y tan inconsciente insistencia que pronto me empezó a oler a ideología de la mala: aquella cuyo tufo puede confundirse con la del pescado podrido.

Achaco este mal olor a dos razones: la primera, que suelen referirse a culpas colectivas de difícil expiación. La segunda, que le impiden a uno seguir profundizando, pues se habla de ‘culpa’ para zanjar los asuntos de sopetón.

Mexcla

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