De culpas y causas

I

Hace años que descubrí en el discurso común de la gente con la que hablo, o de quienes comentan por Internet, una tendencia masiva a hablar de ‘culpa’ y de ‘culpables’; con tanta y tan inconsciente insistencia que pronto me empezó a oler a ideología de la mala: aquella cuyo tufo puede confundirse con la del pescado podrido.

Achaco este mal olor a dos razones: la primera, que suelen referirse a culpas colectivas de difícil expiación. La segunda, que le impiden a uno seguir profundizando, pues se habla de ‘culpa’ para zanjar los asuntos de sopetón.

Mexcla

II

La tendencia que percibo más extendida consiste en culpar a las víctimas (principalmente de los males económicos y políticos) como responsables de su propio mal. Pondré dos ejemplos bastante representativos:

A nivel nacional, se repite la célebre frase “la culpa es de los que pidieron una hipoteca”; y también aquella sentencia de que “hemos vivido por encima de nuestras responsabilidades”. [Por no hablar de aquella notable memez de que “tenemos los políticos que nos merecemos”, frase que ni me molestaré en considerar].

A nivel internacional, se conjura la desdicha de Grecia –vendida a pedazos, ruinosa, endeudada por los siglos de los siglos– apelando a que sin duda se lo merecían, ya que fueron “culpables” de haberse pegado “la gran fiesta”.

 

III

Al margen del ámbito en que tales expresiones se inscriban, resulta inquietante que los culpables no solo carezcan de nombres concretos, sino que supongan al mismo tiempo una perfecta justificación de cuanto sucedió. De alguna manera, el hecho de que los idiotas acaben pagando por su propia idiotez nos remite a una suerte de justicia perfecta. Y donde hay justicia no cabe ya la mínima compasión:

No critiques lo que pasó, porque los culpables fueron los pueblos; y, en rigor, son los pueblos los que están pagando por ello. En cualquier caso, harás bien en mirar con recelo a tu vecino, pues los que destruyeron la economía del país son los propios ciudadanos”.

Cierto que también hay muchos que gritan que la culpa es “de los políticos”. Pero también que ese abstracto “los políticos” no se refiere a nadie en concreto. La frase se parece más a la queja de quien levanta el brazo derecho y mira al cielo cagándose en Dios. Por lo demás, los que gritan eso rara vez se interesan por el sesgo ideológico de tales políticos. Los políticos, a diferencia de la chusma, sí poseen nombres y apellidos, y responsabilidades y cargos: harto sencillo sería determinar a qué políticos se refiere esa extraña culpa metafísica, para ejercer después en consecuencia las acciones políticas o ciudadanas pertinentes.

Desahucio

 

No me interesa ahora combatir una visión tan deliberadamente escurridiza. No hará falta argumentar mucho para que el lector llegue a la conclusión de que las propias poblaciones son un chivo expiatorio de la fatalidad. La peste en Tebas, la plagas de Egipto, las crisis económicas: tres ejemplos de devastación por pecados que afectan a toda la ciudad porque así lo han dispuesto los dioses y el azar.

Sí me interesa, y mucho, romper este nudo gordiano del siguiente modo: reemplazar la culpa por la causa.

En efecto: la culpa es una noción jurídica, que se refiere al veredicto que un juez le impone a alguien, y que solo puede superarse mediante el cumplimiento de un castigo. Al juez no le interesan los motivos que el culpable haya tenido para violar la ley: lo que le interesa es que la ley se cumpla.

Al introducir la culpa en un contexto político, sobre todo durante el transcurso de una discusión, resulta casi imposible evitar que los argumentos se acerquen al fango de las pringosas opiniones personales. Al final no se indaga en quién tiene la verdadera culpa, sino en quién merece más nuestro desprecio personal. A quién nos conviene culpar para poder descargar sobre ellos la bilis. Dice más sobre nosotros que sobre la cosa en sí.

 

V

No sucede lo mismo con la causa.

Una causa no remite a un contexto jurídico, sino científico. Una causa requiere de pruebas, de inducción y deducción, de causalidad y de observaciones desapasionadas. Un objeto no experimenta una atracción hacia el suelo de la tierra por culpa de la gravedad, sino a causa de ella. No hay nadie tan imbécil como para acusar a la gravedad de incurrir en delito alguno por atraer cuerpos entre sí.

Suprimida la necesidad urgente del castigo, la culpa queda vacía de su propia significación.

En el contexto político, la culpa solo puede tener sentido pleno si se considera que alguien impune merece, mutuo acuerdo de los jueces y conforme la ley, sufrir un castigo para su posterior enmienda.

Por ejemplo: un país se niega a cumplir con un protocolo internacional sobre salud pública. La ONU advierte de que si no se somete al protocolo le impondrán una multa y le bloquearán militarmente. El país se sigue negando. A continuación se procede a castigarle.

Pero en los casos arriba citados la relación se invierte: primero sobreviene el castigo (estalla una crisis, un país se viene abajo) y luego se busca un culpable colectivo mediante el cual justificar y racionalizar el propio castigo.

Algo tan absurdo y tan contrario a la intuición como condenar a un tipo por asesinato para después investigar qué crímenes cometió.

La noción de ‘causa’ no se presta, en principio, ni a falacias morales ni a castigos vinculados. Predispone a ello, pero no los arrastra consigo.

 

VI

Cojamos la frase “La culpa de la crisis es de quien pidió una hipoteca sin saber si podría pagarla” y convirtámosla en “la causa de la crisis reside en la gente que pidió una hipoteca sin saber si podría pagarla”.

La primera dicta sentencia y ajusticia a aquellos que no pudieron pagar la hipoteca. En consecuencia, todo cuanto les suceda (desahucios, pobreza, paro) será merecido. No se le puede añadir ni una coma. La libertad de la gente conlleva una responsabilidad: esa responsabilidad, mal empleada, ha recibido su castigo. En vano apelaremos a la supuesta culpa de la banca, puesto que esta, como es natural, desea enriquecerse y solo sigue los pasos que le marcan sus clientes. “Un sistema de libre mercado es así”, dicen.

La segunda, al preguntar por la causa, nos expone a más preguntas:

¿Por qué motivo o causa la gente pedía una hipoteca si no podía pagarla?

La respuesta nos adentraría en la psicología o en la sociología, pero no nos conformaríamos con que se nos dijera “la gente es imbécil”, que de explicación causal tiene muy poco. Y, en todo caso, nos obliga a preguntarnos cómo impedir que la estupidez nos autodestruya.

Hipoteca

¿De qué modo podría haberse evitado?

Aquí ya no nos preguntamos por los culpables, sino por algo que les trasciende. La pregunta tiene sentido si se acepta que las crisis no son deseables. Obsérvese que el modo de evitar una gran cantidad de impagos se puede enfocar desde dos puntos de vista: el del emisor de los créditos y el del receptor. Puede que solo quien los pide fuera culpable, pero sin duda no habría podido pedirlos sin la aquiescencia de la banca. En la red de las causalidades no hay inocentes porque no existe el monopolio de la culpa.

¿Por qué los bancos daban créditos?

-Para ganar dinero, obviamente.

¿Por qué se permitía que los bancos ganaran dinero si un impago masivo iba a provocar un agujero en la economía?

-Porque uno no puede ponerle trabas al libre mercado.

 

VII

En fin, llegados a este punto las preguntas se disparan una tras otra, gracias a la inercia de buscar la causa hasta sus últimas consecuencias (les ruego pinchen en los enlaces, que tienen su miga):

¿Y por qué uno no puede ponerle trabas al libre mercado, si este va a generar un agujero en la economía? ¿Por qué, en todo caso, no fue previsor el gobierno y se anticipó a ello? ¿Por qué no hubo ninguna campaña estatal sugiriéndole a la población que pidiera hipotecas con cabeza y moderación? ¿Por qué durante años negaron que hubiese una burbuja inmobiliaria? ¿Por qué, en un libre mercado como el que se nos presupone, el gobierno no puede tratar a sus ciudadanos como si fueran idiotas, ejerciendo de repugnante papá estado, y sin embargo sí tuvo legitimidad para poner al frente de las cajas de ahorros a gente de su confianza, como si de una finca familiar se tratara? ¿Por qué luego se rescató a los bancos con dinero público, si papá estado no debe jamás rescatar a nadie? ¿Por qué los directivos que imponían en junta directiva los criterios de concesión de hipotecas se han hecho millonarios durante la crisis, a pesar de que tuvieron que cerrar tantas oficinas y despedir a tanta gente? ¿Por qué ha habido burbujas inmobiliarias idénticas a la de España en otros países? ¿Se debe a la idiotez personal de una determinada parte de la población, o podemos encontrar un comportamiento sistemático por parte del poder bancario en lo que respecta a la concesión de hipotecas? ¿Cómo puede alguien saber si van a despedirlo de su empresa? ¿Por qué es malo endeudarse con la vivienda y sin embargo es bueno y hasta recomendable endeudarse para emprender con un negocio propio cuyo éxito no está en absoluto asegurado? ¿Por qué los bancos se quedaban con los pisos impagados al mismo tiempo que seguían manteniendo la deuda a quienes perdían el piso? ¿Por qué, siendo los directores de las cajas bancarias figuras públicas y notorias, no se habla de sus actuaciones personales tangibles y concretas? ¿Por qué metieron a este señor en varias cajas, si las arruinaba todas? ¿Influía el hecho de que estuviera haciéndose millonario con dinero público, a sabiendas de que incluso arruinando por completo la caja de ahorros su patrimonio personal iba a permanecer intacto? ¿Puede acaso repetirse una burbuja semejante, o aumentar la deuda hasta generar otra crisis? Si la gente es imbécil y yo siempre he sido cuidadoso, nunca me he endeudado y he vivido de alquiler, ¿por qué voy a tener que jubilarme a los setenta para pagarle la tontería a ese hatajo de cretinos? ¿No pagamos así los justos por los pecadores? ¿Cómo es posible que una burbuja de 10 años pueda hundirnos durante veinte, con suerte? ¿Es deseable un sistema así?

Discuisón

VIII

La causa no tiene en cuenta la calidad concreta de los individuos, sino la efectividad a la hora de detener sus consecuencias sociales; la causa actúa contra el sistema, la culpa contra sus miembros. La culpa constituye una parte esencial de la justicia y va unida al castigo; la causa constituye una parte esencial de la razón humana y trasciende las necesidades de este.

Al igual que la economía y el derecho no hablan de un mundo exterior al hombre, que seguirá ahí cuando este se haya extinguido, la causa sí se refiere a una carcasa vacía, que no puede manejarse colectivamente y que determina por igual a todos los hombres. La culpa se aproxima a lo religioso, a la subjetividad revelada. La causa se aproxima a la ciencia, a la objetividad anhelada.

La culpa se detiene en cuanto halla un culpable; la causa multiplica las preguntas.

Desde el momento en que el discurso o la crítica social se convierten en una excusa para la culpa, se abren las puertas de la subjetividad, de lo irracional y de la ideología. Y se evita una verdadera crítica nuclear de los hechos.

Sé que cuesta horrores. Sé que, al fin y al cabo, somos todos humanos y no podemos desvincularnos de lo emocional, ni de nuestras afinidades ideológicas.

Pero si uno hace el esfuerzo ingente de negarse a reconocer culpables, y sí de identificar causas, descubrirá de repente con qué facilidad se abren puertas que de otro modo parecían inaccesibles.

Sin culpas personales, uno se centra en el espíritu de las leyes, no en el espíritu del reo. Es otro modo de permitir que hable la razón.

 

 

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2 comentarios en “De culpas y causas”

  1. Gran post. Te descubrí hace unos días y desde entonces, tras leerme todos los artículos, comencé a seguirte.
    La sorpresa para mí ha sido ver que este artículo en concreto habla de algo sobre lo que he estado pensando estos días a raiz de ciertas noticias que escuchamos últimamente:

    – La Crisis ha provocado que los contratos temporales aumenten.
    – La Crisis ha provocado que los sueldos disminuyan.
    – La Crisis ha provocado que haya más horas extras no pagadas (escuchado estos días).

    En resumen: la culpa es de La Crisis. Parece un desastre natural, como si fuera algo no predecible como un terremoto que nos ha tocado vivir y contra lo que nada se puede hacer.
    Pero claro, dándole vueltas, y eso no lo decían en las noticias, la causa es la reforma laboral de 2010 que ha provocado un aumento de ERES y bajadas de sueldos con su consecuente precarización del mercado laboral. Pero es más facil decir La Crisis sin responsabilizar a nadie ni explicar el porqué.

    Saludos y enhorabuena por el blog.

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  2. Buenas tardes, Alberto.

    En efecto, resulta más que irónico que ‘la crisis’ se haga pasar por un fenómeno tan natural como la lluvia cuando se trata de algo humano, perteneciente a la voluntad humana, por completo bajo las consignas de lo social, y bastante más concreto y cotidiano que “la Naturaleza”.

    Por eso digo en el artículo que el derecho (una forma de regular las relaciones sociales en abstracto) y la economía (o cómo distribuir los bienes) son productos de la subjetividad humana; mientras que el estudio de la biología o de la física remiten a realidades ajenas a la intención humana. En breves palabras: el mundo es así, pero la economía es como decida el ser humano.

    La cosa es eludir la intervención humana en las miserias que padecemos, al apelar a entidades intocables.

    Gracias por seguirme. Publico cuando saco algo de tiempo, pero intento que las lecturas sean disfrutables y provechosas.

    Un saludo!

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