El listón y el “¡son todos iguales!”

liston

Como de costumbre, las miserias de Podemos generan infinita ira en los medios de todo el país, así como en las redes sociales, muy activas al respecto. Lo que personalmente opino de Ramón Espinar lo dejo para el final. Antes quiero explicar dos cositas sobre ese argumento ramplón de que “la culpa es de ellos, por haber puesto el listón muy alto”. El asunto tiene miga y rezuma un insostenible relativismo. Me explico.

Cualquier estudiante de derecho sabe bien que la justicia juzga actos, o hasta intenciones, pero nunca almas o psiques. Cuando el reo se planta ante el juez, el juez deberá condenarle o absolverle por lo que haya hecho o intentado hacer, pero nunca por ser mala persona o un hipócrita. La condición personal del acusado no se juzga, del mismo modo que el juez debe esforzarse por que sus simpatías y antipatías no entorpezcan la recta aplicación de la ley.

Dicho esto, paso a las puntualizaciones sobre “la culpa es de ellos por poner el listón demasiado alto”, que implica a su vez un implícito “les está bien empleado”:

1– Juzgar a los demás en sus propios términos parece muy bíblico y muy serio, pero es también falaz y amoral.

Porque si nos atenemos a esa regla, seremos exigentes con Podemos porque ellos son exigentes con los demás; pero (he aquí lo estúpido) con un partido cínico, ladrón, mentiroso, chulo, capaz de obstruir a la justicia y carente de listón alguno, nos mostraríamos generosos y comprensivos.

Total, ¡si ellos no han puesto el listón alto, si lo tienen por los suelos! ¡No podemos juzgarlos!

2Por otro lado, yo tengo mi propio listón, que padecerá sin duda sus deficiencias, pero juzgo a los demás según mis criterios y no según ellos lo exigen, ni según criterios prestados. A lo mejor mi criterio no coincide del todo con el de la ley vigente, qué se le va a hacer, pero no va cambiando en función de mi humor o de mis filiaciones políticas.

Lo terrible y lo indignante deberían sublevarnos por igual en Podemos que en el PNV, Ciudadanos o el PP. Que luego nuestra ideología nos haga detestar a uno más que a otros es otra cuestión. Pero si juzgamos a unos con más rigor que a otros por los mismos idénticos hechos, estamos desarrollando un pensamiento de auténticos patanes.

justcia

Por eso me resulta tan necio y tan prepotente ese grito de guerra del listón. Porque quienes así berrean, en el fondo están renunciando a tener criterio propio (lo cual es lamentable) y al mismo tiempo insinúan que quienes van de inmorales pueden ser juzgados con mucha más relajación (lo cual resulta sencillamente idiota, además de injusto).

Dicho esto, añadiré que el comportamiento de Ramón Espinar me parece bastante injustificable, y que el desarrollo de los acontecimientos me induce a pensar que es un jeta; que su padre ha metido mano en el asunto de forma muy activa; y que lo tenía todo planeado desde el principio. Además de que en su rueda de prensa ha adoptado el rol de huerfanito de Dickens que no puede pagar la hipoteca, cosa bastante surrealista si consideramos que su padre sí era un hombre de posibles.

A mi juicio, debería dimitir. Nada le costaría al partido y se quitarían de en medio un buen problema moral (si discrepan, lean el Post Scriptum).

Pero, claro, yo soy de los que cree que lo que hizo Ana Botella merece inhabilitación pública de por vida y seguramente cárcel durante 30 años o más, aunque hubiese que reformar el código penal para no dejar impune esta nauseabunda aberración:

Ana Botella se niega a explicar la venta ilegal de 1.860 viviendas sociales a fondos buitre

El fondo buitre al que Botella vendió pisos sociales echa de su casa a la cara visible de los afectados

Botella vendió pisos protegidos a un ‘fondo buitre’ sin aplicar “las normas de contratación”

Y si me tiran de la lengua, les diré lo que opino de los ERE, de la Gürtel (muy especialmente del comportamiento que ha tenido la cúpula del partido: sí, sí, Rajoy, Cospedal y demás ralea), del ministro Soria, y de lo que debería hacerse con los imputados por corrupción; pero no lo voy a escribir aquí porque a lo mejor me gano una demanda o me ponen el grito en el cielo unos cuantos lectores sensibles.

Por cierto, que a esto de castigar o juzgar los hechos según una proporción creciente y gradual se le llama “proporcionalidad”, es un pilar esencial del derecho, y anula de raíz esa tremendísima bobada del “¡son todos iguales!”, como si robar diez millones de euros fuera “lo mismo” que robar dos mil, o especular con una casa fuera igual que vender viviendas ilegalmente a un fondo buitre.

Si acaso aún no les convenzo, pregúntense si es “lo mismo” una nómina de 400 euros mensuales que una de 4.000. Sí, técnicamente ambas son una nómina, pero que a ustedes les rebajen la nómina de los 4.000 a los 400 euros, a ver si no perciben la proporcionalidad y les parece que “todas las nóminas son iguales”.

Así que no se dejen arrastrar por esa inmensa trampa relativista de la cantinela del listón y del ‘son todos iguales’: quien apela a esos supuestos argumentos, ni tiene criterio, ni cree en la justicia, ni mide con sinceridad. Procuren también evitarlo ustedes.

Están avisados.

P.S: Cuando uno posee su propio listón y trata de sostener un criterio de proporcionalidad, está abierto  a que discrepen de él con educación, criterio y proporcionalidad. De manera que aceptaré encantado cualquier opinión razonable que discrepe de mi juicio sobre Ramón Espinar o Ana Botella. Eso que ganamos quitándonos de en medio el listón.

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